¿Sirve para algo la filosofía?

Posiblemente muchos aún continúan pensando que se trata de algo inútil y que no es más que un pasatiempo que no cuenta con aplicaciones prácticas. Y al parecer los legisladores españoles creen que es de esta forma. Lo muestran a través de esta asignatura que ha perdido horas de clase en los institutos, siendo obligatoria solo en 1º de Bachillerato.

En cuanto a los estudios universitarios, esta materia tampoco esta pasando su mejor momento ya que la tasa de paro se aproxima al 30%, durante un momento donde estudiar cualquier carrera universitaria se trata exclusivamente de un paso a la incorporación dentro del mundo laboral, han dicho los estudiantes del foro EAE online opiniones. En medio de dicho contexto nos preguntamos si realmente merece la pena estudiar filosofía o quizás sí se pueden dedicar algunas horas más a otras asignaturas.

Se trata de algo más que una salida profesional

Señala la filósofa Marina Garcés, quien es la autora de Fuera de clase que «No podemos supeditar nuestra relación con el conocimiento a nuestra salida laboral» pues en su opinión, las preguntas «cómo queremos formarnos» y «en qué queremos trabajar» no deben tener una misma respuesta. Es más, estas no deben coincidir en la formación y en el empleo que desempeñamos finalmente, y esto no se trata de algo que tan solo se le ocurre a los filósofos.

Explica Adela Cortina, que “La universidad no es una expendeduría de títulos para el mercado laboral. Ella es filósofa y catedrática de la Universidad de Valencia. En tal sentido, no es el mercado el que decidirá qué carreras se implantan y cuáles no. El criterio se debe sustentar en las necesidades de la sociedad a fin de poder construir un futuro más humano. La idea es formar personas y ciudadanos que tengan más conocimientos y capacidad de innovación, allí se encuentra la clave.

Además, la filosofía se trata de un conocimiento que es de suma importancia, incluso si nos decidimos por otras carreras o profesiones, pues nos ayuda, “a discernir qué metas queremos perseguir con los conocimientos técnicos.

Sin ese saber fecundo, las técnicas pueden emplearse para sanar o para matar, para destruir países y personas o para erradicar la pobreza y reducir las desigualdades”. En otras palabras, la filosofía nos invita a hacer una “reflexión profunda sobre las metas, las actitudes y las convicciones que necesita una sociedad flexible”.

Marina Garcés nos recuerda que la filosofía no tiene un objeto de estudio propio, por lo que puede «abrir distancia entre lo que sabemos y lo que no sabemos». Constantemente los filósofos se cuestionan lo que en líneas generales se da por hecho, y de esta manera conseguir inconsistencias.

Es por esta razón que la autora opina que la filosofía se trata de una asignatura que es fundamental dentro de los institutos, e incluso dentro de la educación básica, debido a que se trata de «un lenguaje fundamental» con el que se puede aprender a pensar de manera crítica. No es posible hacer referencia a una formación completa sin que se cuente con dicha herramienta básica. Concluye Garcés, «La filosofía no es útil o inútil. es simplemente necesaria».

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