Si deseas ser un estudiante autodidacta de filosofía, aquí estos sencillos consejos

Comenzar desde cero: Si la persona que desea estudiar filosofía ha olvidado todo lo que aprendió, estudiar filosofía por su cuenta puede llevarnos a descubrir otro tipo de conocimientos, sin programas de estudios que sean aburridos, sin ninguna presión, ni exámenes o calificaciones, tan sólo por el placer de aprender.

Sin tener prisa, pero sin detenernos: este es un conocimiento que no debe implicar ninguna prisa, pues debemos adaptarnos a nuestro ritmo de aprendizaje, y de esta manera podremos entender de mejor manera lo que tenemos delante, comprenderlo, masticarlo y digerirlo. En esta línea, debemos estar conscientes de nuestras limitaciones y de esta manera aprender a reconocer nuestra ignorancia para ser capaces de abrir nuestras mentes a nuevos conocimientos, pero a un ritmo adecuado.

Tener un pensamiento propio: Tener un conocimiento de la teoría es genial pues es imprescindible, pero lo que hace distinto a un estudiante de filosofía recae en su capacidad para razonar de una forma autónoma. 

Un gran aliado, el Internet: y ello es debido a que funciona como una gran fuente de información, aunque por otro lado se trata de un arma de doble filo, pues no toda la información que allí encontramos es válida. El consejo es realizar una buena búsqueda, foros, blogs y webs con mayor reputación, que sean más fiables, y que puedan ofrecer material de calidad. También existe la posibilidad de acudir a las plataformas web de publicaciones impresas, en donde se pueden encontrar publicaciones más antiguas, pero de gran valor, como por ejemplo la Filosofía Hoy.

Mantener participación en grupos de aprendizaje: es buena idea mantenerse al día y ello se puede lograr investigando sobre los ‘café filosófico’ o ‘diálogo filosófico’. En estos eventos o grupos, se suelen tratar temas que tienen relación con la filosofía, dentro de un ambiente distendido y socializador, de la forma en que lo hacian los pensadores en los años 20.

Leer, siempre leer: y esta es una premisa obvia en su totalidad. Y no solo se trata de leer libros de filosofía, sino de grandes clásicos o libros de pensadores que han destacado en la actualidad, pues los libros pasarán a ser nuestros mejores amigos. No se debe perder el tiempo con obras que sean complejas y rebuscadas, lo indicado es comenzar con algo que sea posible de entender, y en la medida en la que se vaya avanzando, se adquieren otros libros con los que se pueda profundizar, sin olvidad que no debe ser de prisa.  

Aprender a escuchar: esta es una de las características esenciales para un pensador, ya que debe desarrollar la capacidad de dialogar. Pero no se trata de monólogos, sino de aprender a escuchar, y razonar sobre todo aquello que se les transmite para luego poder expresar alguna opinión.

Hacer de la filosofía nuestra propia vida: el secreto se encuentra en practicar la filosofía en el plano teórico o ideal pues todos contamos con una forma de interpretar todo lo que nos rodea, siendo esto un material muy valioso para la indagación filosófica.

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