14 mayo, 2020 istitutobanfi 0 Comments

La vida cotidiana y su filosofía

Todos sin darnos cuenta hemos hecho de nuestras vida una filosofía, donde cosas tan cotidianas como la marca tous, sostiene sus bases en una filosofía familiar, de no ser de esta manera, no sería lo que en la actualidad conocemos. Y es que posiblemente entablar una conversación de la vida cotidiana pero vista desde la filosofía, quizás parezca un asunto demasiado trivial, que se nos escurre de las manos y al que no se le encuentra sentido, y menos dentro de una conversación de café, la cual constituye una típica imagen de nuestra vida ordinaria, de esa vida de cada día, en la que hombres y mujeres estamos involucrados de una forma natural donde discurre tranquila nuestra propia vida. Esa es la vida común para cualquier ser humano, y ello incluye hombres de ciencia, filósofos, artistas.

Quizás no encontremos para ello alguna objeción razonable, pero tampoco la hay teórica o práctica cuando se trata de un planteamiento de ese estilo. Durante siglos, ese tema o problema al que conlleva la vida cotidiana, ha sido ignorado formalmente como un objeto de consideración cultural, y en el camino como una reflexión filosófica. En nuestro pensamiento reinaba la idea de que una vida no era capaz de merecer incorporarse entre los modelos de vida o en los marcos de referencia cualitativamente mejores buscados por casi todos los seres humanos, y entre ellos se encontraban los de la ética del honor y del poder, de la fama y de la riqueza, del predominio de la razón y de la ciencia, entre muchos más. O bien, dentro del mundo cristiano que durante siglos se encargó de apartar del mundo por motivos casi siempre ascéticos y religiosos la idea de filosofar sobre la vida cotidiana.

Como seres pensante, debemos considerar que nuestra vida cotidiana, esa que hacemos todos los días, la que lleva el ciudadano común y corriente, se encuentra dotada del suficiente peso ontológico como para detenernos a estudiarla como un marco de referencia legítimo que influye en el crecimiento personal y social de cualquiera de los seres humanos, debido a que por ella discurre de cualquier manera la vida de todos los hombres. De acuerdo a sus virtualidades y riqueza, la filosofía va a responder a un tipo de vida que merece ser vivida a plenitud, ya que ello constituye ese ámbito que es propio, y del que fluye nuestra propia vida, esa vida diaria, o la familiar, la del trabajo cotidiano, la de las relaciones sociales, amistades y lazos solidarios, a partir de las cuales podemos descubrir todas esas oportunidades de crecimiento, planificación, reconocimiento, apertura y ayuda a hacia los otros, que todo ser humano en alguna oportunidad desea.

En tal sentido, y tras el fondo de este análisis, podemos considerar que esa vida ordinaria, la que todos los días vivimos, la de la mujer trabajadora, la del estudiante, la del ciudadano común, el deportista, la de ama de casa, la del padre y madre de familia, de ese empleado, profesor universitario, el empresario, médico, o investigador, se trata del tipo de vida que merece ser vivida a plenitud y puede hacernos felices. Resulta interesante que nos lo cuestionemos.