¿Cómo aprender filosofía?

Muchos pensamientos personales no son innovadores: es el caso cuando hemos asimilado las ideas de otro para nutrir nuestra propia reflexión. La iniciación a la filosofía no puede tener otro objetivo. Debemos atrevernos a ser iconoclastas y sostener contra Kant que no podemos aprender a filosofar sin estudiar filosofía.

Hay un credo para la educación filosófica actual: justifica los programas, inspira prácticas y reúne un consenso bastante amplio. El objetivo de la enseñanza filosófica sería proporcionar al alumno un método de pensamiento. Desde esta perspectiva, el conocimiento no importa. De hecho, solo solicitarían memoria.

Sin embargo, una enseñanza de iniciación no tiene por qué convertir al estudiante de secundaria en un erudito, sino para formar su juicio. Por eso es preferible que los programas no impongan requisitos rígidos sino que abran un campo de reflexión dentro del cual el docente tenga libertad para caminar como le plazca. Esta libertad del profesor se corresponde con la libertad del alumno, que debe conseguir pensar «por sí mismo».

La disertación, ejercicio donde debe proponer y justificar una respuesta personal a un problema filosófico constituye el apogeo de esta libertad. Este credo se basa en dogmas: dogma de un método filosófico separable de todo contenido, dogma de la libertad del profesor, dogma de la libertad del alumno. Nos gustaría cuestionarlos y proponer una concepción diferente de la enseñanza filosófica.

La enseñanza filosófica no transmite un método

La filosofía es la búsqueda de la verdad, sobre problemas generales que no pertenecen a la ciencia. Para arrojar luz sobre esta definición, es necesaria una breve revisión histórica.La antigüedad griega ignora la distinción entre ciencia y filosofía. En la época de Sócrates, la división de disciplinas opone principalmente la filosofía a la retórica. La filosofía es una búsqueda desinteresada de la verdad; la retórica, por el contrario, no se preocupaba por la verdad: era una técnica de argumentación cuyo único propósito era ganarse el apoyo del interlocutor.

Los diálogos de Platón se oponen continuamente al abogado, cuyo objetivo no es más que convencer, si es necesario por razones falsas pero prestigiosas, al filósofo, que, por su parte, se propone conocer. En esta perspectiva, lo que actualmente diferenciamos como ciencia y filosofía se confunde en los textos de los filósofos griegos.

Así, encontramos en la República, junto a especulaciones metafísicas y políticas, una verdadera teoría de la ciencia. Asimismo, Aristóteles no distingue entre ciencia y filosofía. Una expresión del siglo XVIII da testimonio de esta identidad original: la filosofía natural era un concepto comúnmente utilizado para designar la física.

Sólo gradualmente las ciencias se constituirán en disciplinas autónomas y se distinguían de la filosofía mediante el establecimiento de un método original. Desde la antigüedad, Euclides había ordenado las proposiciones geométricas en un sistema jerárquico y, por lo tanto, consagrado la deducción como método de las matemáticas.

En el siglo XVI, Galileo, haciendo rodar una pelota en un plano inclinado, notó las correlaciones entre los grados de inclinación del plano y la velocidad de la pelota. Mientras descubría la ley de la caída de los cuerpos, le dio a la física su propio método. Después de física, biología, sociología, etc. conquistaría su autonomía.

Por tanto, al oponer la filosofía, su fuente común, a un determinado método de investigación y prueba, las ciencias particulares logran distinguirse de ella y conquistar su autonomía. Por este mismo hecho, confinan la filosofía a una búsqueda libre de la verdad fuera de la ciencia.

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